Los lunares surgen por la acumulación de melanocitos en la piel, una tendencia mayoritariamente genética. Generalmente benignos, requieren atención si muestran irregularidades como asimetría, múltiples colores, crecimiento rápido, picazón o dolor. En estos casos, eliminarlos es clave para la salud cutánea. Como expertos en dermatología, te guiamos en el proceso profesional para eliminar lunares de manera segura.
Pasos a seguir:
Si notas que un lunar ha crecido, parece extraño o te incomoda, consulta inmediatamente a un dermatólogo para una evaluación completa.
El especialista examinará tus lunares con detalle y determinará si su remoción es médicamente necesaria. Si lo deseas por estética, recomendará el procedimiento según el tamaño y profundidad del lunar.
Para lunares grandes y profundos, se aplica anestesia local, se excisa mediante incisión y se sutura la herida con puntos. El proceso es rápido y con mínimo dolor.
Los lunares pequeños y superficiales se raspan o cauterizan, una técnica sencilla y poco invasiva.
Post-procedimiento, cuida la herida diariamente: límpiala y aplica los medicamentos prescritos. Las cicatrices suelen ser mínimas, dependiendo del tipo de piel y cicatrización individual.
Toda extirpación incluye una biopsia de la muestra para confirmar su benignidad. El dermatoscopio ayuda a detectar señales de alarma desde la primera visita.
Si tienes muchos lunares o manchas frecuentes, realiza chequeos anuales con tu dermatólogo para monitoreo preventivo.
Nunca intentes remover lunares en casa ni uses tratamientos caseros sin supervisión profesional: riesgos de cicatrices permanentes e infecciones.