La ropa de viaje no se consolidó como categoría independiente hasta el siglo XIX, con el auge de nuevos medios de transporte más allá del caballo, carruaje o velero, y la producción masiva de telas impulsada por la Revolución Industrial. Esto permitió que más clases sociales accedieran a prendas especializadas para usos esporádicos.
Viajes en la alta sociedad
Antes, personas de clases bajas y medias, urbanas o rurales, viajaban poco y usaban su ropa habitual para protegerse del polvo, suciedad y elementos. Hombres a caballo o en vehículos abiertos optaban por botas, capas, abrigos con capuchones y sombreros de ala ancha. Las clases altas usaban prendas similares. En carruajes, mujeres de los siglos XVII y XVIII llevaban trajes de montar de lana, más fáciles de limpiar que las sedas de moda. La calesa con capota plegable, introducida a fines del XVIII, protegía los elaborados peinados del polvo, mientras que los guardabarros de hierro sobre los zapatos evitaban el barro.
Medios de transporte públicos
Las malas carreteras y la falta de tiempo libre limitaban los viajes a la nobleza. Tras 1800, barcos de canal, diligencias, vapores y trenes democratizaron los desplazamientos. Los viajeros, especialmente mujeres de clase media, se preocupaban por la suciedad (hollín y chispas de motores de carbón, polvo y barro) y por aparecer decentes ante extraños.
Barcos de canal
Los canales no eran muy sucios, pero espacios compartidos exigían precauciones para la modestia. Mujeres debían llevar batas largas y modestas, ya que baños y vestidores no siempre conectaban con dormitorios. Hombres dormían en camisa, pantalón y zapatos, sin chaqueta ni corbata.
Vestimenta para viajes en tren
El espacio limitado requería equipaje compacto. Popular era la "correa del chal": ropa y lencería envuelta en un cuadrado de tela resistente, enrollada y atada con correas de cuero.
Transporte a vapor
Los vapores de placer se popularizaron en el último cuarto del XIX. Agua salada y hollín arruinaban la ropa; cubiertas frías aconsejaban abrigos como ulsters. Se recomendaba ropa vieja desechable, vestidos fáciles de poner para mareos y envoltorios modestos para baños compartidos. Cabinas pequeñas limitaban el equipaje a baúles bajos (12 pulgadas) bajo la litera; la "correa del chal" era ideal para travesías atlánticas.
Viajar al extranjero
Para viajes largos, se distinguía ropa para el trayecto y para el destino. Tras el vapor, volvían atuendos normales, pero guías insistían en viajar ligero: ropa interior resistente, vestidos negros de seda o trajes de lana a medida. Trajes sencillos sin volantes eran ideales. Para trópicos, cascos de médula (con velo para mujeres), lino o algodón caqui, parasoles verdes y gafas de sol.
Alrededor de 1900, mar y tren eran menos sucios; la moda priorizaba etiqueta: "El barco es el campo y el tren la ciudad por la mañana", dictaba Vogue en 1925.
Advenimiento del automóvil
Al principio, un deporte: autos abiertos exigían guardapolvos de lino, gafas y velos. Surgieron uniformes para chóferes y abrigos de coche (luego cortos).
Vestimenta para viajes aéreos
Más cuestión de etiqueta que especialización. Telas antiarrugas eran clave. Equipaje se adaptó a pesos límites: maletas de aluminio livianas con ruedas. Innovaciones del siglo XX: fibras sintéticas resistentes, de secado rápido y compactas, ideales para lavado en hotel o destinos remotos. Accesorios como neceseres y prendas reversibles facilitan todo.
Ver también Ropa de abrigo.
Bibliografía
Museo Cooper Hewitt. Bon Voyage: diseño para viajar. Nueva York, 1986. Catálogo de exposición.
Dunbar, Seymour. Una historia de viajes en América. Indianápolis: Bobbs Merrill, 1915.
Knox, Thomas W. Cómo viajar: sugerencias para viajeros por tierra y mar. Nueva York: G. P. Putnam's Sons, 1887.
Ledoux, Kate Reed. Notas sobre el mar y viajes al extranjero para damas. Nueva York: Cook, Son y Jenkins, 1878.
Luz, Roberto. ¿Ir al extranjero? Algunos consejos. Boston: Prensa de la Oficina de Recortes, 1897.
O'Brien, Alden. No salga de casa sin ella: ropa de viaje en Estados Unidos, 1840-1940. Tesis inédita, Fashion Institute of Technology, Nueva York, 1989.