Los aparatos de belleza se consideran el "cuidado de la piel del futuro", y esta idea gana cada vez más adeptos. Estas herramientas tecnológicas complementan nuestros regímenes habituales de productos, permitiéndonos elevar nuestro cuidado dermatológico al siguiente nivel con facilidad.
Entre los dispositivos faciales más populares destacan los de microcorriente, disponibles tanto para uso doméstico como profesional. Ambas opciones son valiosas, y a continuación te explicamos por qué. Hemos consultado a dermatólogos para que nos detallen qué son estos dispositivos y cómo funcionan.
Cómo funcionan los dispositivos de microcorriente
La tecnología de microcorriente emplea electricidad segura de bajo voltaje para estimular músculos y células. "Estos tratamientos tensan y suavizan los músculos y tejidos conectivos faciales al aumentar la actividad celular", explica Annie Gonzalez, MD, dermatóloga certificada por la junta en Riverchase Dermatology, Miami, Florida.
Según la experta, estos dispositivos impulsan la producción de colágeno, mejoran la circulación sanguínea y facilitan el drenaje linfático. Con un uso consistente, notarás una piel más firme, ligeramente levantada, esculpida, menos hinchada y con un resplandor natural gracias a la mejor circulación.
En esencia, los dispositivos de microcorriente someten a tus músculos faciales a un "entrenamiento" sutil. Los resultados son visibles de inmediato y se acumulan con el tiempo.
Tratamientos de microcorriente en casa y en clínica
La popularidad de los tratamientos profesionales ha impulsado dispositivos para el hogar, como el NuFace Trinity Facial Toning Device ($339; sephora.com) o el Face Gym Pure Lift Face ($520; facegym.com). Sin embargo, existen diferencias clave entre ambos.
"La principal diferencia está en la intensidad de las corrientes y longitudes de onda. Los equipos profesionales ofrecen mayor precisión y variedad, adaptándose a las necesidades de la piel", indica el Dr. González. "Algunos incluso miden la energía requerida para un tratamiento personalizado".
Los efectos lifting de un tratamiento profesional duran de una semana a un mes, y son acumulativos. Se recomiendan 10 sesiones cada 2-5 semanas, con un costo de $250 a $500 por sesión.
Este alto precio distingue los tratamientos clínicos de los dispositivos domésticos, que implican un pago único y uso ilimitado. No obstante, los de hogar operan a menor potencia, ofreciendo resultados más sutiles. Requieren uso diario de 5-10 minutos durante meses para notar cambios (aunque algunos reportan un brillo instantáneo).
Una estrategia ideal es combinar ambos: los dispositivos domésticos mantienen los resultados entre sesiones profesionales. "Llevo casi dos décadas ofreciendo microcorrientes, conocidas entonces como 'estiramiento facial no quirúrgico', el favorito de las alfombras rojas", comparte Julie Lindh, esteticista en Nueva York. "Para mantenimiento, recomiendo dispositivos de microcorriente en casa, que facilitan el 'fitness facial' en menos tiempo".
Incluso solo con un dispositivo doméstico, tu piel se beneficiará, aunque con resultados más moderados.
¿Son seguros los dispositivos de microcorriente?
Sí, absolutamente. Esta tecnología, usada durante décadas en fisioterapia, es segura, eficaz y específica.
"Son ideales desde los 20 años y a lo largo de la vida adulta, ya sea en casa o con profesionales. Casi todos pueden usarlos", afirma el Dr. González.
Excepciones: epilepsia, diabetes, problemas cardíacos o embarazo. En casos de acné, podría aumentar la inflamación. Siempre consulta a tu dermatólogo.