Las pelucas son cubiertas capilares artificiales que ocultan la calvicie o se convierten en accesorios de moda llamativos. Por ejemplo, el sheitel judío se usa por motivos religiosos para proteger el cabello natural de la mujer de las miradas de hombres ajenos a su esposo, según enseña el Talmud, que considera el cabello femenino un estímulo sexual que podría alterar el orden social judío. En contraste, la icónica peluca pelirroja de Elton John busca preservar una imagen juvenil y disimular la calvicie.
Primeras pelucas
Las primeras pelucas egipcias (c. 2700 a.C.) se fabricaban con cabello humano, aunque fibras de palma y lana eran alternativas más asequibles. Simbolizaban rango social, estatus y devoción religiosa, además de proteger del sol y mantener la higiene. Hasta el siglo XV, el cabello servía de base para tocados, pero hacia finales de siglo surgieron peinados altos y elaborados con postizos. El cabello se engomaba, empolvaba y se añadían rizos falsos; en ocasiones, se usaba una peluca completa llamada perruque, que derivó en peruke, periwig y finalmente wig en 1675.
Siglos XVII y XVIII
En el siglo XVII, las pelucas alcanzaron su apogeo como moda para ambos sexos; muchos se afeitaban la cabeza por comodidad. El ascenso de Luis XIV fue clave: el rey usó postizos hasta raparse diariamente y adoptar pelucas (Corson, p. 215). En el XVIII, las clases altas poseían pelucas grandes para eventos formales y pequeñas para el hogar. Su tamaño indicaba riqueza y atraía a ladrones. Se engrasaban y espolvoreaban con harina o almidón en armarios especiales. Surgieron oficios como la peluquería, enfocada en peinar sin cortar. Las pelucas femeninas eran altas, enjoyadas y caricaturizadas; se cosechaba cabello rural para ellas. Hacia 1790, declinaron ante peinados naturales (Corson, p. 298).
Siglo XIX y principios del XX
Tras el naturalismo revolucionario francés, los elaborados peinados victorianos y eduardianos requirieron postizos como frentes y transformaciones. Lady Violet Harvey recordó:
Se usaba postiche (pelo añadido): flecos, switches, rolls y frizettes. Los peluqueros fabricaban postizos con cabello hackeado, rizado en bigoudis hervidos en soda, método egipcio. Fuentes: mercados como Morlans (Pirineos), Asia Menor, India, China y Japón; cabello blanqueado en ácido nítrico. Hombres las usaban contra calvicie."Enormes sombreros sobre pirámides de cabello postizo o acolchado, con innumerables horquillas. Al cepillar, caían cantidades de postizos y almohadillas" (Hardy, p. 79).
De 1920 al presente
El bob de los 1920 desacreditó las pelucas, limitadas a mayores. Revivieron en 1950 como peinados fantasía (Carita hermanas). En peluquería negra, eran esenciales pre-alisados químicos; Diana Ross destacó en los 60. En 1968, boom masivo: un tercio de mujeres europeas usaban "pelucas de conveniencia". Hombres preferían naturalismo. De manuales, pasaron a sintéticas acrílicas/nailon de Hong Kong (24.000 empleos en 1970). Dynel y Kanekalon lideraron fibras modacrílicas. Hoy, extensiones y tejidos (Beyoncé, Britney Spears) permiten cambios rápidos.
Ver también: Fibras acrílicas y modacrílicas; caricatura y moda; accesorios para el cabello; peluquería; peinados; tocado.
Bibliografía
Corson, Richard. Modas en el cabello: los primeros cinco mil años. Londres: Peter Owen, 1965.
Cox, Caroline. Good Hair Days: una historia de la peluquería británica. Londres: Quartet, 1999.
Hardy, Lady Violet. Como era. Londres: Christopher Johnson, 1958.