El travestismo, la práctica de vestirse o actuar como el sexo opuesto, tiene motivaciones variadas: religiosas, burlescas, de disfraz, para elevar el estatus social o incluso por excitación sexual. Esta costumbre es tan antigua como la ropa misma. La mitología y la historia registran numerosos casos, predominantemente de hombres adoptando roles femeninos. En la Iglesia cristiana primitiva, varias santas vivieron como hombres, descubriéndose su verdadero sexo solo tras la muerte. Históricamente, las mujeres que impersonaban hombres lograron mayor éxito en los últimos tres siglos que los hombres como mujeres, posiblemente por sus motivaciones económicas e independientes, superando barreras sociales.
Género supernumerario
Antropólogos han documentado el travestismo y el cambio de género en diversas culturas, acuñando el término "género supernumerario" para individuos que adoptan roles y costumbres del sexo opuesto. En culturas indígenas americanas, los hombres que asumían roles femeninos eran conocidos como berdaches, participando en ritos ceremoniales y tareas femeninas, fusionando comportamientos, vestimenta y roles sociales. A menudo, este cambio elevaba su estatus. Entre los blackfeet, las "corazones masculinos" adoptaban rasgos y atuendos masculinos. Pueblos como los navajos reconocen tres sexos, asignando a los no conformes al tercero, e incluso más en otros grupos.
Culto religioso
El travestismo masculino integra cultos religiosos en sectas hindúes. Adoradores de Sakti, que ven la divinidad como femenina, se visten de mujer. En el culto Sakhībhāva, seguidores creen que Krishna es el único varón verdadero, vistiéndose como mujeres, imitando menstruación e incluso castrándose por devoción. Se les denomina hijras (eunucos o travestis), considerados a menudo asexuales más que homosexuales.
Creencias andróginas trascienden el hinduismo. En Omán islámico, los xanith combinan rasgos de ambos sexos, realizan tareas femeninas pero feminizan su vestimenta masculina; pueden revertir estatus casándose. En sociedades islámicas segregadas, se toleran imitadores femeninos como los khawal en Egipto, que bailan en ceremonias imitando mujeres al máximo, depilándose incluso.
Roles femeninos en Occidente
Aunque menos restrictivos, Occidente imponía prohibiciones: mujeres no actuaban en teatro hasta el siglo XVII, roles femeninos interpretados por hombres, similar a Japón y Grecia antigua.
Primeras mujeres travestidas
La primera mujer documentada que se vistió como hombre fue Hatshepsut (siglo XV a.C.), representada con barba faraónica. Tras su muerte, intentaron borrarla, pero sobrevivió. En contraste, gobernantes varones travestidos como Sardanapalo (siglo VII a.C.) fueron vilipendiados por debilidad, rebelándose nobles pese a su valentía final.
Literatura griega
La literatura griega abunda en travestismo mitológico y real. Escitas tenían enarées, malditos con feminidad por Afrodita o por cabalgata prolongada. Rituales iniciáticos involucraban travestismo temporal, enfatizando dualidad de género. Dionisio, criado como niña, y otros dioses requerían vestimenta cruzada en festivales, posiblemente aliviando rigideces de roles.
En Esparta, novias se vestían de hombres para encuentros secretos hasta el embarazo.
Travestismo masculino era aceptable por fines nobles, como Himeneo persiguiendo amada, Solón infiltrándose o Aquiles escondiéndose.
Literatura latina
Literatura imperial romana narra travestismo: Julio César topó uno en rituales; Nerón y Heliogábalo lo practicaron, visto como vicio.
Cristianismo y judaísmo lo rechazaban, pero santas travestidas fueron alabadas por virtud al descubrirse postmortem.
En Le Roman de Silence, protagonista criada como varón preserva herencia, revelada en adolescencia pero mantiene rol hasta rey permite femenino. Actores varones interpretaron mujeres hasta siglo XVII; castrati en ópera hasta XIX.
Más fácil para mujeres
Mujeres travestían más fácilmente por ausencia de barba; sirvieron en barcos, guerras hasta siglo XX.
Incluso el abate de Choisy (1644-1724) abandonó público travestismo con edad, escribiendo ficción sobre ello.
Organizaciones de travestismo
En siglo XVIII Londres surgieron clubes travestis. Mohocks acosaban mujeres; Molly Houses reunían hombres vestidos de mujer para fiestas, imitando vanidades femeninas, posiblemente proto-gay.
Chevalier d'Eon
Charles d'Eon, espía de Luis XV, usó travestismo; forzado a vivir como mujer por Luis XVI. Sensación en París/Londres, esgrimista en falda. Murió 1810, revelado varón.
Números crecientes
Finales XIX, rigidez de géneros impulsó travestismo. Presión masculina generó dicotomías; hombres heterosexuales travestían para expresar feminidad reprimida.
Separación esferas fetichizó ropa femenina, erotizándola (corsés como virtud/forma).
Ropa femenina erótica
Literatura corsetera feminizaba adolescentes para hombres. Prendas acentuaban curvas, impotencia (tacones).
Representaciones
Obras como La importancia de llamarse Ernesto; actores como Boulton/Park arrestados por travestismo callejero.
Papel en comunidad gay
Travestismo en bailes drag facilitó encuentros gay. Estudiado por Ellis (eonismo) y Hirschfeld (travestismo). Christine Jorgensen (1952) distinguió de transexualismo.
Travestismo organizado
Desde 1959, Virginia Prince impulsó grupos heterosexuales en EE.UU., expandiéndose globalmente. Proveedores y apoyo para esposas. Muchos secretos usan estilos juveniles; meta: pasar desapercibidos públicamente.
Libertad de ropa
Mujeres rara vez travestían por ropa; barreras caen, fenómeno casi exclusivo masculino.
Véase también: Moda y Homosexualidad; Moda, Género y Vestimenta; Política y Moda.
Bibliografía
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