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Historia de los Soportes de Falda: Farthingales, Paniers y Crinolinas

Historia de los Soportes de Falda: Farthingales, Paniers y Crinolinas

La falda, prenda icónica de la moda femenina occidental durante siglos, se amplificaba para resaltar la figura, incrementando la percepción de importancia y dignidad de quien la llevaba. Aunque las enaguas de tela aportaban volumen, las estructuras rígidas resultaban más eficaces, ligeras y cómodas. Sin embargo, cuando se exageraban, podían volverse incómodas. Históricamente, los polisones sostenían la parte posterior, mientras que farthingales ampliaban la circunferencia en el siglo XVI y XVII, paniers en el XVIII, y crinolinas o faldas de aro en el XIX.

Alrededor de 1470, las mujeres españolas a la moda sujetaban sus faldas con cordones pesados o cuerdas enfundadas en el exterior. Esto evolucionó hacia enaguas independientes con aros que creaban un cono inmóvil, ocultando las piernas. En la década de 1540, esta tendencia se extendió a Inglaterra como verdingale o farthingale, del español verdugo, ramita flexible usada en aros. El farthingale español, reforzado con ballenas, alambre u otros materiales, se ensanchó en los 1580. Surgieron rollos acolchados en las caderas, dando paso al farthingale francés. En los 1590, adoptó forma de rueda o tambor, proyectando la falda en ángulo recto desde la cintura. Reservados a la élite, realzaban telas lujosas, fijadas con alfileres por sirvientes, como detalla Janet Arnold. En Inglaterra cayeron en desuso hacia 1610, pero persistieron en Francia y la corte española hasta los 1660.

Historia de los Soportes de Falda: Farthingales, Paniers y Crinolinas

A inicios del siglo XVIII, resurgió el deseo de volumen. Hacia 1710, enaguas de aro o paniers (canastas) en Francia adoptaron forma de cúpula, evolucionando a óvalos aplastados o aros laterales independientes. Hechas de tela rígida con ballenas, madera o caña, o armazones metálicos, medían modestamente para lo informal, pero superaban los 1,8 m de ancho en eventos formales, exigiendo destreza para pasar puertas. Aunque criticados como monstruosos, conferían elegancia y distinción social, como señaló Henry Fielding.

Los grandes paniers perduraron en la corte francesa hasta 1789, y en Inglaterra hasta 1820 con vestidos neoclásicos. Aunque pretendían otorgar gracia, generaban situaciones cómicas, como citó Aileen Ribeiro en El arte de vestir: una dama con aro en una silla de manos parecía "el feto de un hipopótamo en su botella de brandy".

Véase también: Bulto; Crinolina; Falda.

Bibliografía

Arnold, Janet. Patrones de moda: el corte y la confección de ropa para hombres y mujeres, c1560-1620. Londres: Macmillan, 1985.

--. Guardarropa de la reina Isabel desbloqueado. Leeds, Reino Unido: W. S. Maney, 1988.

C. Willett y Phillis Cunnington. La historia de la ropa interior. Londres: Michael Joseph Ltd, 1951 (nueva edición revisada por A. D. Mansfield y Valerie Mansfield publicada en Londres por Faber and Faber, 1981).

Ewing, Elizabeth. Vestir y desvestir: una historia de la ropa interior femenina. Londres: Bibliophile, 1978.

Ribeiro, Aileen. El arte de vestir: moda en Inglaterra y Francia, 1750-1820. New Haven, Connecticut y Londres: Yale University Press, 1995.

--. Vestido en la Europa del siglo XVIII, 1715-1789. Londres: B. T. Batsford, 1984.

Waugh, Norah. Corsés y Crinolinas. Nueva York: Theatre Arts Books, 1954.