Las enaguas han acompañado a la mujer durante siglos, sosteniendo faldas, aportando calidez y protegiendo las prendas exteriores. Desde el siglo XVII, el término 'enagua' se usaba esporádicamente para prendas bajo vestidos transparentes. Sin embargo, el antecesor del desliz moderno surgió a finales del siglo XIX, fusionando enagua con camisola o corsé en una sola pieza: una prenda interior ceñida y sin mangas. Su corte princesa, con costuras verticales que moldeaban torso y falda, le valió los nombres de 'enagua princesa' o 'falda princesa'. A inicios del siglo XX, se la conoció como 'combinación de disfraces' y, finalmente, simplemente 'combinación' o 'desliz'.
Funciones
Como capa intermedia entre la ropa interior y exterior, el desliz ofrece modestia a prendas sheer, previene roces y adherencias antiestéticas. Inicialmente de algodón delicado o seda, en los años 20 adoptó el rayón. Los cortes rectos evolucionaron a siluetas entalladas que realzaban la figura. En el siglo XX, el nailon se impuso por su facilidad de lavado, secado rápido, resistencia al planchado, precio asequible y falta de decoloración. Los anuncios destacaban su durabilidad, opacidad y diseño antideslizante. De longitud ideal —una pulgada más corto que la prenda exterior—, evitaba mostrar el dobladillo. A pesar de su discreción, su ajuste corporal y delicadas decoraciones le conferían un sutil erotismo, explotado en cine y publicidad, como en Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958).
Evolución
En los años 60, con la simplificación de la lencería, algunos deslices incorporaron sujetadores; medias enaguas, colores vivos y estampados ganaron popularidad. Al acortarse las faldas, se ajustaron los largos, manteniendo su atractivo provocativo. Helen Gurley Brown, en Sex and the Single Girl (1962), recomendaba mostrar un atisbo de lencería sexy. No obstante, en décadas posteriores, se asociaron a mujeres mayores y anticuadas. Una icónica foto de 1980 capturó a Lady Diana Spencer revelando su ausencia de esta prenda obligatoria.
Ropa interior como prenda exterior
El desliz resurgió en los 90 con la tendencia 'ropa interior como exterior'. El 'vestido lencero' se convirtió en emblema nostálgico y audaz, con corte revelador, tela ligera y tirantes finos que exigían cuerpos tonificados. Al popularizarse, se combinó con camisetas, transformándose de íntimo a versátil prenda exterior.
Ver también: Lencería; Nailon; Enagua.
Bibliografía
Brown, Helen Gurley. Sex and the Single Girl. Nueva York: B. Geis Associates, 1962. Reimpresión, Fort Lee, N.J.: Barricade Books, 2003.
Cunnington, C. Willett y Phillis Cunnington. The History of Underclothes. Londres: Michael Joseph Ltd., 1951. Reimpresión, Londres: Faber and Faber, 1981.
Ewing, Elizabeth. Dress and Undress: A History of Women's Underwear. Londres: Bibliophile, 1978.