El acolchado es una técnica ancestral que consiste en coser capas de tela, comúnmente para crear colchas cálidas y duraderas. Se realiza de diversas formas, aunque tradicionalmente se emplea un bastidor para estabilizar las capas mientras un acolchador o grupo utiliza aguja e hilo para unirlas con puntadas continuas a través de toda la superficie. Hasta la década de 1980, el acolchado a mano era la norma; en el siglo XXI, las máquinas de coser y las de brazo largo han ganado popularidad. Las puntadas pueden seguir patrones decorativos o adoptar una cuadrícula simple para fines funcionales.
Una colcha típica consta de tres capas. La superior, o "tapicería", se compone de telas cosidas para formar diseños mediante empalmes (unión de piezas por los bordes) o apliques (fijación sobre una tela base). Las colchas de tela entera usan una sola pieza o simulan una, destacando el acolchado como elemento principal. La capa media es el relleno o guata, de fibras como lana, algodón o poliéster, que aporta suavidad y aislamiento térmico. El reverso, menos ornamental, suele ser de muselina lisa, tela estampada o ropa de cama reutilizada. Finalmente, las tres capas se unen con puntadas y los bordes se rematan con una tira de tela llamada ribete.
Historia del Acolchado
Practicado globalmente durante milenios, el acolchado se usaba históricamente para prendas abrigadas o protectoras. Evidencias del Antiguo Egipto incluyen una talla de marfil del siglo XXXV a.C. (Museo Británico) que muestra a un faraón con un manto acolchado.
En la Europa medieval, sirvió como armadura ligera o acolchado bajo placas metálicas para amortiguar impactos. Ejemplos del siglo XVI-XVII, como caftanes en el Museo Topkapi Saray de Estambul, confirman su uso en Turquía.
En el siglo XVIII, se popularizó en Europa y América colonial como moda, especialmente en enaguas acolchadas visibles bajo faldas abiertas.
A fines del siglo XVIII, se centró en ropa de cama. Aunque existía desde el siglo XIV (piezas sicilianas de c. 1395), la disponibilidad de telas impulsó su auge. Predominaban colchas de tela entera, a veces con enaguas recicladas, bordadas o simplemente acolchadas.
En el siglo XIX, apliques y empalmes dominaron: broderie perse imitaba palampores indios; Álbumes de Baltimore (1840-1850) representaron el ápice del aplique. La máquina de coser post-Guerra Civil aceleró el empalme, popularizando diseños como cabaña de troncos, nueve parches o estrella de Belén.
En el siglo XX temprano, kits troquelados (1920-1940) y colchas Amish (con diseños simples e intrincados) marcaron la época, evocando tradiciones previas.
Acolchado Moderno
Tras un declive mid-siglo XX, resurgió en los 1960-1970 gracias al feminismo y exposiciones clave. Hoy, artistas como Michael James, Nancy Crow y Faith Ringgold innovan, fusionando tradición y arte contemporáneo.
Ver también: aplique; máquina de coser.
Bibliografía
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