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Mantua: Historia, Origen y Evolución de la Prenda Icónica del Siglo XVII y XVIII

Mantua: Historia, Origen y Evolución de la Prenda Icónica del Siglo XVII y XVIII

La definición más antigua conocida de la mantua proviene de un libro compilado en 1688 por Randle Holme, artesano de tercera generación especializado en símbolos heráldicos. Según esta fuente histórica:

"Una Mantua es una especie de casaca holgada sin tirantes; la parte del cuerpo y las mangas siguen las modas descritas en el cuerpo de bata. La falda a veces no llega a las rodillas, otras hasta los talones. La falda corta se abre por delante y por detrás hasta la mitad: esto se llama semmer o semare. Tiene el cuerpo holgado, con cuatro faldas laterales que llegan hasta la rodilla, y mangas cortas por debajo del codo".

Introducción y Primeros Años

El estilo mantua surgió en la década de 1670 y permaneció en auge hasta principios del siglo XVIII. Sus rasgos distintivos incluyen un corpiño holgado sin ballenas, cortado en una sola pieza en lugar de separar corpiño y falda. La bata holgada con cola se enrollaba hacia atrás para mostrar la enagua. Aunque no llevaba ballenas, se combinaba con un corsé. Se originó como prenda informal para contrarrestar los rígidos corpiños del gran hábito cortesano. Inspirada en kimonos y túnicas indias usadas como batas en Europa, se construía con dos paneles largos de tela desde el dobladillo delantero, sobre los hombros y hasta la cola trasera, con cortes mínimos en cuello y axilas. Esta versatilidad permitía adaptaciones a nuevas modas y sentó las bases de la indumentaria femenina del siglo XVIII, evolucionando hacia los vestidos de saco.

Altura de la Moda

Su silueta holgada y su similitud con batas conferían un aire de intimidad que Luis XIV juzgó inadecuado para la corte francesa, limitándola a espacios privados. Sin embargo, en la ciudad se convirtió en la prenda dominante para mujeres a inicios del siglo XVIII. A diferencia del gran hábito escotado, cubría los hombros, ofreciendo mayor comodidad y calidez.

Evolución

Con el tiempo, la mantua se formalizó: los pliegues sueltos del corpiño se fijaron en formas más ajustadas, ganando aceptación en la corte salvo en eventos solemnes. En Inglaterra, cristalizó en diversas variantes cortesanas durante el siglo XVIII.

Materiales

Mantua: Historia, Origen y Evolución de la Prenda Icónica del Siglo XVII y XVIII

La elegancia de la mantua radicaba en sus textiles, adornos y accesorios más que en la precisión constructiva. La tela representaba el principal gasto. Damascos de seda brocados, conocidos como sedas bizarres (populares de 1695 a 1720), destacaban por patrones alargados y asimétricos con motivos naturales, abstractos, colores vibrantes y hilos metálicos. Estos tejidos creaban efectos luminosos en las colas drapeadas. Influenciados por el exotismo oriental y avances técnicos, sus repeticiones verticales (hasta 69 cm de alto) armonizaban con las líneas fluidas de la prenda.

Construcción

Los fabricantes combinaban corte plano y drapeado. Se cortaban las piezas según medidas del cliente; la costura central trasera usaba puntadas cerradas en el corpiño y sueltas abajo. Se añadían godets laterales para anchura. En versiones forradas, costuras derechas; sin forro, al revés para exponer bordes atractivos en el drapeado frontal. Telas reversibles se unían con costuras especiales para acabados impecables.

Ver también: Abrigo; Historia de la vestimenta en Europa y América (400-1900 d.C.).

Bibliografía

De Marly, Diana. Luis XIV y Versalles. Nueva York: Holmes & Meier Publishers, Inc., 1988.